miércoles, 23 de enero de 2008

Los apellidos de Fompedraza

LOS APELLIDOS ESPAÑOLES, SU ORIGEN Y PROCEDENCIA
Jesús de la Torre Arranz

Todos nosotros alguna vez nos hemos preguntado por el origen y procedencia de nuestros apellidos. Indagaremos sobre los apellidos españoles, sirviéndonos de referencia el pueblo de Fompedraza, en la provincia de Valladolid (España), de donde soy originario.

LOS APELLIDOS ESPAÑOLES
El término “apellido” viene del latín ‘apellitare’, y significa “llamar o proclamar”. Primeramente veremos los orígenes y consolidación de los apellidos españoles, y seguidamente un intento de clasificación.

1.1. ORIGEN DE LOS APELLIDOS ESPAÑOLES
La fijación de los apellidos españoles comienza con el uso de la documentación notarial a partir de la Edad Media, sobre todo a partir de los siglos XI y XII. Los escribanos medievales empezaron con la costumbre de hacer constar, junto al nombre de pila de los interesados, el de su apodo o sobrenombre, profesión, procedencia, o patronímico. Terminando, así, esta segunda manera de llamarse por convertirse en “apellido hereditario”. En un principio sólo eran documentados los personajes eclesiásticos o de la alta sociedad, posteriormente, el uso de documentos se extiende al resto de la población. Por aquel tiempo también se daba la repetición de nombres famosos o de santos, por lo que era imperante colocar un segundo nombre o apellido. En el siglo XV ya se hallan relativamente consolidados los apellidos hereditarios, debido, en parte a la obligatoriedad (por iniciativa del cardenal Cisneros) de hacer constar en los libros parroquiales los matrimonios, nacimientos y defunciones de todos los habitantes, con los datos de sus progenitores. Este criterio se vio respaldado en el Concilio de Trento, en el siglo XVI. Desde el siglo XIX se ha hecho obligatorio en España el colocar al recién nacido, primeramente el apellido del padre y después el de la madre. Anteriormente, aunque esta costumbre estaba generalizada, no era tan rígida, pudiéndose encontrar a dos hijos del mismo padre y madre con apellidos en distinto orden, o incluso tomar apellidos de los abuelos o de un tío soltero, en razón de recibir una posible herencia.

1.2. CLASIFICACIÓN DE LOS APELLIDOS
En la actualidad la Real Academia Española de la Lengua define el “apellido” como nombre de familia con que se distinguen las personas (ejemplo, Martínez); y en otra acepción, significa sobrenombre, o mote (ejemplo, Luis el Bajo). Ahí se vislumbra la multiplicidad de apellidos, y la consiguiente necesidad de clasificarlos para entender mejor su origen y desarrollo. Los podemos agrupar, según su procedencia, en: patronímicos, toponímicos, de oficios y cargos, procedentes de apodos y de origen religioso. Hay otros que es incierta su procedencia. A la hora de hacer esta clasificación nos servirá de muestra el pueblo de Fompedraza (Valladolid), que bien puede ser un reflejo del común de los pueblos españoles, donde los apellidos son variopintos. Los apellidos principales de los moradores actuales son: De la Torre, Arranz, Benito, Olmos, Velasco, De la Fuente, Lázaro, García, Zorita, Gómez, Trillo, Herreros, Arribas, Quiroga, Bernal, Veganzones, Pesquera, Arévalo, Sanz, Carrascal, Palomero, Cabrero, Mieres, Calvo, Fernández, Peña, Gonzalo, Maza, Tabernero, Herranz, Franco, Gozalo, León, San Sebastián y Pérez. De todos ellos, el más extendido es el apellido “Benito” (que significa ‘bendito’), que prácticamente lo llevan todas las familias en su primera o segunda generación. Le siguen en arraigo entre los moradores los apellidos ‘De la Fuente, García, Veganzones, Arranz, Herreros y Lázaro’. Los demás están presentes en menor proporción. Además de estos apellidos, hubo en el pasado -entre los fompedracenses- otros sobrenombres, algunos hoy desaparecidos. Entre estos apellidos pasados están: López, Llorente, Díez, Santos, Martín, Monje, González, Mingo, Guerra, Gil, Gila, Alonso, Cordobés, Expósito, Cano, Ernando, De Arriba, Rebollo, Arenales, Samaniego, Sayalero, Blanco, Plaza, Del Pozo, Serrano, Errasquín, San José y Roldán. 1.2.1. Apellidos patronímicos: En algunas regiones de España, como en los reinos de Navarra, León y Castilla, se empezó la costumbre de añadir al nombre del hijo el nombre del padre más el sufijo "ez", el cual venía a significar "hijo de". Así Juan Fernández era "Juan, el hijo de Fernando". De esta serie son los apellidos López (hijo de Lope), Martínez (hijo de Martín), Sánchez (hijo de Sancho), Márquez (hijo de Marco), Rodríguez (hijo de Rodrigo), Gutiérrez (hijo de Gutier o Gutierre), Alvarez (hijo de Alvaro), Pérez (hijo de Pero o Pedro), y Díaz o Diez (hijo de Diego). Esta costumbre inicialmente de los nobles y burgueses se extendió después al estrato popular, de ahí que en la actualidad sean los apellidos más difundidos en nuestra lengua. Otros se limitaron a incorporar el nombre del padre en su forma regular, como se ve en apellidos como Benito, Valentín, Lázaro, Casiano, Bartolomé, Velasco (del vasco, significando ‘pequeño cuervo’) y Gonzalo (o su derivado “Gozalo”, de origen germano, que significa ‘el genio de la guerra’). A veces se antepone a estos apellidos la preposición "de" para marcar filiación y también distinguir el nombre de pila del nombre patronímico, como es el apellido “de Gil”. Esta preposición “de”, antepuesto al apellido, normalmente no indica título nobiliario. Por lo general, el apellido lo proporciona el padre, y en raras ocasiones la madre, como es el caso del apellido “María”.

1.2.2. Apellidos toponímicos: La costumbre de formar un apellido a partir de lugares geográficos viene desde antiguo y así tenemos a Jesús de Nazaret o Thales de Mileto. Los lugares de donde eran originarios, o donde moraban se convirtieron en apellidos. “Soria” o “de Soria”, es un apellido que entraría en lo que se pudiera llamar “toponímico mayor”, correspondiente a alguna región, ciudad o lugar de renombre. En ocasiones mantienen la preposición “de”, y en otras la pierden hasta transformarse en un apellido de gentilicio, como “Soriano”. Apellidos como San Sebastián, Arévalo, Mieres, León, Trujillo o Salamanca, que se hallan entre los fompedracenses entrarían en este grupo. Con la expresión "topónimos menores", nos referimos a espacios rurales, aldeas, pueblos, construcciones o lugares de menor importancia, de donde también emanan apellidos. De este grupo serían los apellidos De la Torre, De la Fuente, De la Vega, Veganzones (tierra baja), Del Pozo, De la Pila, De la Cruz, Peña, Castillo, Pesquera (lugar de pesca) o Samaniego (que viene del vasco y significa ‘pastizal’). Al parecer inicialmente fueron utilizados por pobladores de una misma localidad donde existía una particular ‘torre’ o una sola torre, una particular ‘fuente’ o una sola fuente, y que más tarde emigraron a otras localidades, siendo conocidos en su nueva residencia por la ‘torre o fuente’ que había en su lugar de origen. Asimismo, términos geográficos de las poblaciones, donde moraba algún habitante, fueron originarios de nuevos apellidos. Así tenemos el apellido “Olmos”, porque vivía en una zona donde había o hubo los árboles llamados ‘olmos’. Aquí entraría el apellido Carrascal (pequeña encina), Quiroga (pequeña planta) y Olivera. Bajo este mismo criterio surgen apellidos zoónimos, como Zorita o Zurita (tórtola), correspondiente a un lugar geográfico que lleva ese nombre en virtud de que ahí moraban palomas silvestres. También el lugar donde estaba localizada la casa de un individuo, dentro de una población dan pie para apellidos como Arriba, Arribas o De Arriba, o en el caso de vivir lejos del núcleo poblacional pasar a apellidarse “Allende” (en la parte de allá). Asimismo los accidentes geográficos originan apellidos como Ribera, Serrano, Llano, Arenales o Peña. Las repoblaciones medievales de tierras conquistadas a los árabes se prestaron para extender los apellidos “toponímicos” al implantar en tierras lejanas el nombre de su lugar de origen, que después se convierten en sobrenombres. Así es frecuente encontrar en Castilla la Mancha y Andalucía apellidos de nombres de ciudades del norte de la península. Esto se ve en mayor medida en América, cuando los españoles implantan sus apellidos y bautizan a localidades con nombres de su región. Este es el caso de apellidos como “Trujillo” o “Segovia”. Hay que añadir que también hay otros elementos toponímicos, que dan pie a apellidos de gentilicios o de países, como es el caso de los apellidos Cordobés, España o Franco (relativo al pueblo germano-franco). También se encuentran muestras de apellidos compuestos que mezclan orígenes toponímicos con patronímicos, como es el caso del apellido “Ruiz de Castilla”.

1.2.3. Apellidos de oficios, cargos o títulos: Algunas personas eran distinguidas de los demás moradores de la localidad en virtud de su profesión, cargo o título que detentaban. Lo que dio pie a que se conociera a fulano que se dedicaba a hacer pan como “Juan el Panadero”, pasando después a ser su apellido. En esta categoría se pueden incluir los apellidos procedentes de ‘cargos eclesiásticos’ como los apellidos Abad, Monje, Cardenal o Sacristán; o procedentes de ‘títulos nobiliarios’ como Rey o Reyes y Conde. Si, más bien se estaba relacionado con el ámbito militar o alguna función pública, se originan apellidos como Guerrero, Concejo o Escribano. El oficio común que se desempeñaba en la localidad donde se residía, era un modo de diferenciarlo dentro de los moradores, surgiendo así apellidos como “Cabrero” (por dedicarse al cuidado de las cabras), “Palomero” (por el cuido de las palomas), “Herrero o Herreros” (por su oficio de domar el hierro en la fragua), “Tabernero” o “Maestro”. Asimismo del producto del trabajo también deriva una serie de apellidos como Hierro o Fierro, Cuerda, Trillo, Maza y Cadenas.

1.2.4. Apellidos procedentes de apodos: Al parecer este procedimiento es el más antiguo para distinguir a las personas. Todavía está muy extendido el uso de apodos o motes, con mayor intensidad en las zonas rurales que en las urbanas. El interesado recibe el apodo, pasando después a formar parte de su identidad personal y finalmente a convirtiéndose en apellido hereditario. En ocasiones se hace difícil una explicación de dichos apellidos, ya que no se saben muy bien las motivaciones que originaron tal mote. En otros casos, sin embargo, está claro, como en el apellido “Blanco” (de tez muy blanca), “Cano” (de cabellos blanquecinos) o “Rojo” (de tez roja). Los apodos, que en muchos casos se convierten en apellidos, hacen referencia a características físicas (como “Calvo”, “Rosa”, “Zurdo”, “Chiquilín” –pequeño-, “Panza”, “Manca” o “Langares” –que probablemente provenga de ‘langaruto’, que significa larguirucho); características morales (como “Bueno o Chapuzas”); características o similitudes de las personas con animales (como “Borrego, Conejo, Mono, Chivilla, Pollos o Ratón”) o con plantas (como “Oliva, Melón, Frutos o Maíz”); referentes al estado civil o edad (como “Verdugo –retoño-, Nieto, Viudo o Sobrino”); o que hacen relación a lazos de parentesco –abundantes en Fompedraza- como es el caso de ‘los Martinos (los descendientes de la abuela Martina), los Eliseos, los Casianos, los Remigios, los Justos, los Judas o los Frutos, entre otros. Otros apodos se originan por anécdotas o circunstancias relacionadas con la vida de la persona o la familia, siendo el caso de apellidos como “Porras, Capote, Vikingos o Petaca”.

1.2.5. Apellidos procedentes del mundo religioso, mágico o de augurios: Antes del siglo XVI, en que el Concilio de Trento obliga a que el bautizado reciba un nombre cristiano, se utilizaba, sobre todo en el medievo, nombres de carácter elogioso (como “Lozano o Valiente”), de carácter afectivo (como “Bello o Tierno”) o de sentido de augurio (como “Buendía”). Nombres que después pasaron a ser apellidos, en muchos casos. Hay sobrenombres que provienen de fiestas litúrgicas católicas o consagraciones, como los apellidos “De Dios, Santos, De Jesús o Sanz” -que significa ‘santo’-, y que fueron, según algunos, muy usuales entre los judíos conversos al cristianismo para intentar camuflar sus raíces semitas y evitar ser perseguidos.
Hay también apellidos que hacen relación a la circunstancia del nacimiento, a la paternidad desconocida o a su situación de ilegalidad. Así tenemos apellidos como “Bastardo o Expósito”. En el caso de los expósitos, generalmente llevaban –al menos en Fompedraza y pueblos aledaños- el apellido hagionímico “San José o De San José”. Con los hijos sin reconocimiento paterno ocurría algo similar, pues tras el apellido de la madre se le incorporaba el de “San José”.

1.2.6. Apellidos de origen desconocido o incierto: En el origen de los apellidos hay que tener en cuenta las diversas lenguas y su evolución. En España las lenguas ‘base’ de los apellidos son el latín, el árabe, el vasco y las lenguas germanas. En América hay muchos nombres y sobrenombres procedentes de lenguas autóctonas indígenas, que se mantuvieron a pesar de la dominación lingüística del castellano y su bagaje cultural.

Aún con toda esta clasificación hecha, hay muchos apellidos a los cuales resulta difícil asegurarles su origen y etimología, sobre todo a los que proceden del ámbito prerromano, como muchos de los apellidos vascos o germanos. Este es el caso del apellido “García”, que algunos lo hacen provenir del término vasco ‘arrtza’ (peñascal); y el apellido “Arranz”, que unos lo hacen provenir del étimo vasco ‘arantz’ (espino), y que para otros su raíz hace referencia a ‘piedra’. Lo mismo ocurre con el apellido “Herranz”. También hay apellidos, que aunque de descubran sus raíces griegas, latinas, árabes o germanas, su transformación en el tiempo los hace irreconocibles.

1 comentario:

UCarrascalArranz dijo...

Acabo de encontrar por casualidad esta web y me parece interesante. Mi abuelo nació en Fompedraza, Lino Arranz Benito y ando buscando datos para construir nuestro arbol genealógico. Lo que yo tenia entendido de mi apellido Arranz es que viene del vasco y que viene a significar pescador (arrantzale).

Un saludo Ursicino Carrascal Arranz ucarrascal(arroba)eaee.uva.es